El último proceso electoral (2017-2018) se alejó bastante de lo espe-rable, de acuerdo con lo que habían sido los patrones observados en el desenvolvimiento histórico del país. Es cierto que cada proceso tiene sus particularidades; sin embargo, el análisis comparativo del compor-tamiento electoral a lo largo de un período histórico —v.gr. de los años cincuenta del siglo pasado a la actualidad— permite señalar elementos que se repiten o que experimentan escasas modificaciones a lo largo de un período determinado. Por ejemplo, durante las décadas dominadas por el bipartidismo, los cambios en las preferencias electorales eran re-lativamente previsibles de un cuatrienio a otro. Las colectividades polí-ticas se mantenían más o menos estables a lo largo del tiempo, pero la alternancia parecía ser una característica invariable.

Variaciones mayores en el comportamiento electoral comenzaron a observarse fines de los años noventa y más claramente al inicio del siglo xxi. Aumentó considerablemente el abstencionismo, las mayorías par-lamentarias empezaron a desdibujarse y los dos partidos dominantes del período anterior entraron en un período de crecientes dificultades, sobre todo después de la desafiante aparición del Partido Acción Ciuda-dana. Los resultados de los procesos electorales se hicieron menos pre-decibles y entramos en una etapa de bamboleos diversos, que, sin em-bargo, la mayoría de los políticos y muchos académicos consideraban meramente coyuntural.

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