Un relato entre fronteras

Emprendió el viaje sin más que un maletín lleno de medicamentos (porque nunca se sabe y le habían contado que en ese país todo es muy caro), además alcanzó a meter un suéter y un pantalón. Lo que sí le sobraba en ese equipaje era la incertidumbre y el miedo del mañana, un mañana que podía no llegar.

La incertidumbre de mantenerse con vida, de conservar intacto y a salvo su cuerpo y el de aquellas personas que ama, cuerpos que en algunos casos fueron heridos, no sólo por aquellos contra quien se enfrentó, sino también de quienes lucharon a su lado, esas violencias que trascienden la lucha inmediata y traen a colación las concepciones, relaciones de poder y las violencias heredadas, esas que saben someter, sólo quizá por el hecho de ser mujer.

Decidió correr de su país tanto como le dieran sus piernas, correr de la muerte, del dolor, correr del policía y también del ladrón, del militar sádico y del compañero violador, correr de todo, del pasado y del presente, correr.

Una carrera que se volvió pesada porque el equipaje era demasiado, ahí pesaba la historia de su abuelo asesinado en el 79 [1], la historia de su madre sola pasando la frontera entre barro y cosechas en el 95 [2], haber sido criada por su abuela y su tía a quienes ahora sentía que abandonaba, ahí pesaba el miedo de perder a su hija en el trayecto del fango, fango que ahogaba su grito, ahogaba su libertad, ahogaba además la esperanza de algo mejor.

Pero ¿habrá llegado a algo mejor? La respuesta es tan subjetiva y diversa como vidas afectadas por el quiebre de abril de 2018 en Nicaragua [3], levantamiento que pasó a la historia de continua opresión y violencia de ese país.

¡Al menos está viva! Responderá tal vez usted que está leyendo estas líneas, y quizás tenga razón, o tal vez lo que murió fue intangible. Le arrebataron su realización, sueños, estudios, carrera, su felicidad.

Las inmigraciones acogidas en Costa Rica son heterogéneas, esta joven que recién migró no lo había considerado antes salir de su país, se soñaba realizada en su tierra natal, se soñaba con los suyos en lo suyo, viajando y no huyendo. Su madre, por el contrario, migró por realización, porque la desigualdad y pobreza en su país la llevaron a buscar mejores condiciones económicas, migró porque necesitaba llevar el sustento a su familia, porque consiguió un trabajo en Costa Rica, migró y fue libre de volver, de visitar a su familia en navidad y cuando tuviera dinero y posibilidad.

Su hija en cambio migró, porque las balas le rozaron la piel y el alma: luego de haber visto a su primo asesinado en el tranque [4], al enterarse de la desaparición de su compañero de universidad, por sentirse asediada en su propia casa y observada por vecinos que controlaban cada uno de sus movimientos. Migró y no pudo volver, el retorno que al inicio fue esperanza y meta, se convirtió en lejano y soñado.

Empezar de cero en un país extraño no es sencillo, detrás de cada historia hay dolor y mucha resiliencia, no por el romanticismo que le acompaña, sino por la decisión y el deber de salir adelante.

Llegar a lo ajeno no es confortable, lo ajeno puede ser tan dulce como un abrazo en la soledad o tan amargo como el rechazo.

Las dinámicas y contextos políticos y económicos, más allá de ser terreno fértil de análisis, son historia viva. Es la subjetividad, es a quien despidieron, a quien asesinaron, es quien perdió todo por lo que había trabajado.

Detrás de la migración como fenómeno, está la historia no contada de cada niño(a) abandonado(a), de cada preso mutilado(a), de cada familia separada que cada mes espera la remesa con la cara esperanzada.

Hoy más que nunca, en medio de las afloraciones y falencias que han develado la pandemia, la empatía es el abrazo que tanta falta nos hace en la sociedad costarricense.

[4] Las personas nicaragüenses llaman “tranques” a los bloqueos que realizan en la vía pública durante las manifestaciones.

Autora

Catalina Benavides Fonseca

Investigadora de FLACSO Costa Rica. Es gestora de talleres participativos en temas como migración, opinión pública, evaluación y otros.

* Este texto es de carácter de opinión, responsabilidad de cada autor/a.

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