Mujeres migrantes: apuntes de una agenda político-académica para su visibilización

Una aproximación critica al estudio de las migraciones internacionales implica dos ejercicios claves: 1. Denunciar la permanencia de las condiciones estructurales (sociales, políticas, económicas y ambientales) que llevan a millones de personas a nivel global a transitar largos y peligrosos caminos en busca de mejores condiciones de vida para sí y sus seres queridos; y 2. Reconocer a dichas personas como sujetos migrantes, con capacidad de incidencia y de acción. Este último aspecto es bastante limitado en la literatura académica y en las agendas políticas para su visibilización y/o atención. Más limitado aun cuando de sujetas migrantes hablamos, pese a que las estadísticas internacionales sobre movilidad humana nos dicen que la incorporación de las mujeres en los procesos migratorios es cada vez mayor. De acuerdo con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM, 2018) las mujeres representan el 48% de los migrantes internacionales a nivel mundial y cada vez son más las mujeres que migran solas, incluso como jefas de hogar.

El actual contexto de la pandemia por Covid-19 nos recuerda las afectaciones diferenciadas –de la mano de los contextos de desigualdad ampliamente traducidos como factores de riesgo– a las que las mujeres migrantes han debido hacer frente, algunas de estas afectaciones son presentadas a continuación, como breves apuntes de una agenda político-académica para su visibilización.

Las mujeres migrantes como categoría de análisis y como sujetas políticas

La creciente presencia de las mujeres migrantes no sólo tiene que ver con su conteo estadístico sino también con el papel cada vez más decisivo que desempeñan en cada uno de los momentos del ciclo migratorio (Unda y Alvarado, 2012) –salida, tránsito, destino y retorno– demandando el ejercicio de derechos y no solo la recepción pasiva de servicios asistenciales. Denunciando las situaciones de violencia y desigualdad a las que se enfrentan, conformando espacios colectivos de incidencia ciudadana, y participando en organizaciones que trabajan con y por poblaciones migrantes y refugiadas. En Costa Rica, destacan organizaciones juveniles, feministas, campesinas y de trabajadoras domésticas.

Las mujeres son claves también en la producción académica sobre migración internacional, dando voz a sus experiencias compartidas, necesidades y reflexiones. No obstante, su visibilización sigue siendo limitada –al igual que en las otras áreas de producción del conocimiento científico– más aún si de mujeres migrantes académicas se trata.

El rol de las mujeres en los procesos migratorios

Las mujeres siempre han estado presentes en los procesos migratorios, pero con frecuencia es posible observar dos posturas contrapuestas respecto al rol que desempeñan en éste.

Por un lado, aquellas que postulan la migración como un proceso de empoderamiento femenino que permite a las mujeres modificar las relaciones entre los miembros de la familia –de modo especial el vínculo conyugal y en materno filial– tras su partida, abrir nuevos espacios a nivel social, flexibilizar la división sexual del trabajo, constituirse en el principal sostén económico de sus familias vía remesas, y huir de diversas situaciones de violencias sufridas en sus países de origen.  Este tipo de abordajes en ocasiones tienden a romantizar los procesos migratorios y a soslayar los contextos de violencia y desigualdad en los que se enmarcan.

Por otro lado, las posturas histórico estructurales prestan atención a las causas que originan los desplazamientos, así como a los resultados de estos, a la luz de un fenómeno multicausal, complejo y heterogéneo que afecta de modo diferenciado a las mujeres, colocándolas en situaciones de vulnerabilidad similares e incluso mayores que a las de sus lugares de origen. Este abordaje alude a las transformaciones que han puesto de manifiesto los estudios feministas y los de género: condiciones emancipatorias y de perpetuación de asimetrías colectivas y estructurales de subordinación (Martínez, 2007) presentes en la dinámica migratoria.

Cobran relevancia aspectos como la informalidad laboral en la que se insertan las mujeres migrantes, ampliamente vinculadas con la reproducción de las labores domésticas y de cuido –mujeres que dejan a sus hijes al cuidado de otras mujeres para cuidar les hijes de alguien más–; y la feminización de las migraciones como una expresión más de la feminización de la pobreza.

En Costa Rica, durante el segundo trimestre del año 2020 y a raíz de las afectaciones por la pandemia, 63.500 empeladas domésticas perdieron su trabajo [1]. La situación empeora para las mujeres migrantes, que en un 40% se dedican a servicios domésticos y representan a una de cada tres de ellas (INEC) (Salazar y Murillo, 2020), según los datos de la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censo.

El principio de interseccionalidad

El estudio de las movilidades humanas implica poner el foco en las subjetividades, en los cuerpos disidentes que se movilizan (Acuña, 2019) en la dialéctica entre lo biográfico y lo estructural. El contexto de la actual pandemia pone de manifiesto lo que las feministas negras han señalado durante décadas: somos cuerpos interseccionalizados, atravesados por la etnia, el género, la edad, la territorialidad y la condición socioeconómica, entre otros elementos, y son las estructuras de desigualdad social las que habilitan afectaciones selectivas de los costos sociales y económicos, que anteceden al covid-19 y que a la luz de éste se recrudecen. Abordar el fenómeno de las mujeres migrantes, implica no perder esto de vista, reconocerles heterogéneas y comprender su vínculo con las infancias migrantes.

Continuum de violencia y de exclusión social

Ser mujer migrante significa estar expuesta de forma permanente a diversas situaciones de violencia y de exclusión social. A la falta de trabajo y de oportunidades, a las necesidades económicas y a la violencia e inseguridad (OIM, 2018a) como principales causas de su salida. A la discriminación, xenofobia y desinformación, en un contexto en donde las actitudes antimigrantes aumentan a nivel global [2]. A los delitos de tráfico ilícito, trata y explotación laboral y sexual comercial [3]. A la esterilización forzada en los centros de detención en Estados Unidos.

A la violencia de género acrecentada tras el confinamiento. A la clausura en el reconocimiento y ejercicios de sus derechos, y a la no atención oportuna de sus necesidades en materia de salud sexual y reproductiva.

A las prácticas discriminatorias, sin perspectiva de género y violatorias de derechos humanos, exacerbadas en tiempos de covid-19 bajo el argumento de prevención de los contagios (Mendoza, 2020). En Costa Rica, el Área de Salud de Los Chiles emitió la directriz DGASLCH-000128-2020, la cual negaba la atención médica a personas migrantes indocumentadas, hasta que se presentaran autoridades de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) o de la Fuerza Pública en las instalaciones, al tiempo que se les trataba como pacientes positivos sin previo tamizaje.

Prácticas altamente discriminatorias y estigmatizantes, pese a que, de acuerdo con los datos de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) (Hidalgo, 2020) de marzo a junio de 2020, del total de atenciones (5.950) por Covid-19 en los hospitales nacionales, el 80% correspondió a personas de nacionalidad costarricense, y del total de personas atendidas sin seguro médico 4 de cada 5 personas eran ticas (4.736).

Finalmente, esta breve agenda político-académica de visibilización, parte de la propia experiencia e inquietudes de quien, al reconocerse y posicionarse como mujer migrante, apela a un ejercicio ético, autocritico y situado del abordaje de las dinámicas migratorias. En plena convicción de que solo de esta forma lograremos transitar hacia propuestas político-académicas con capacidad real de incidencia para la transformación social.


Notas

[1] Condiciones de por sí precarias de los servicios domésticos, con los peores salarios promedio mensual (¢275.000 tiempo completo) y mayoritariamente sin seguro social.

[2] De acuerdo con el índice de aceptación de migrantes de Gallup, la tolerancia global hacia las  personas migrantes disminuyó entre 2016 y 2019. La mayor caída en las actitudes tolerantes se observó en América del Sur, donde varios países han experimentado una gran afluencia de personas refugiadas venezolanas. En Colombia, por ejemplo, el porcentaje de personas encuestadas con una visión positiva de migrantes que viven en el país se desplomó del 61% al 29%.

[3] Un informe de Amnistía Internacional estimó que seis de cada diez de las mujeres centroamericanas en tránsito por el territorio mexicano viven alguna forma de acoso o abuso sexual durante el trayecto (Willers, 2016).

Bibliografía

Acuña, G. (2019). Déjennos pasar. Migraciones y trashumancias en Centroamérica (Ensayo). Amargord Ediciones.

Hidalgo, K. (29 de julio de 2020). Covid-19: 4 de cada 5 atendidos sin seguro en la Caja son ticos. Amelia Rueda. Recuperado de: https://cutt.ly/ugGcB0Q

Martínez, J. (2007). Feminización de las migraciones en américa latina: Discusiones y significados para políticas. Seminario mujer y migración. Región de la Conferencia regional sobre migración. Recuperado de: https://cutt.ly/ogGc0Jo

Mendoza, N. (18 de octubre de 2020). Políticas antimigratorias y covid-19 recrudecen las barreras para el acceso a la salud sexual de las mujeres migrantes. Presencia Universitaria.

Salazar, D. y Murillo, A. (30 de septiembre de 2020). (Des) empleadas domésticas: la burbuja explota con la pandemia. Semanario Universidad. Recuperado de: https://cutt.ly/FgGc8os

Organización Internacional de las Migraciones (OIM) (2018). Género y migración, Recuperado de: https://cutt.ly/igGc5Qi

Organización Internacional de las Migraciones (OIM) (2018a). Estudio prospectivo sobre el impacto de incluir provisiones para la migración laboral como parte del CA-4.

Unda, R. y Alvarado, S. (2012). Feminización de la migración y papel de las mujeres en el hecho migratorio. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 10 (1), p. 593-610.

Willers, S. (2016). Migración y violencia: las experiencias de mujeres migrantes centroamericanas en tránsito por México.  Sociológica, año 31, número 89, septiembre-diciembre de 2016, p. 163-195.

Autora

Jenyel Contreras Guzmán

Docente, investigadora y evaluadora de FLACSO Costa Rica, con experiencia en gestión y evaluación de programas y proyectos en temas migratorios.

* Este texto es de carácter de opinión, responsabilidad de cada autor/a.

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