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La violencia contra las mujeres: la pandemia con la que hemos vivido toda la vida

Autora: Maritza Rojas Poveda


POR: Maritza Rojas Poveda


De vez en cuando llegan a mi mente algunos recuerdos de mi infancia: la vecina que venía a pedir auxilio para esconderse de su esposo, con un ojo morado, cara de angustia, y tres niños llorando; la amiga de mi mamá que se sumergía en el alcoholismo y que todas las personas juzgaban, pero que detrás se escondía una historia de violencia física y psicológica; y podría seguir enumerando más recuerdos y estoy segura que en este momento están viniendo a la mente de quienes me leen historias similares o más crueles, que han estado siempre presentes en mi vida, en la vida de las personas cercanas y en la vida de la sociedad.

Hoy 25 de noviembre con motivo del Día de la Eliminación de la Violencia en Contra de las Mujeres, propuesto en 1981 en la celebración en Bogotá, Colombia, del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en memoria de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas durante la dictadura de Trujillo, pero aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante Resolución 50/134 el 17 de diciembre de 1999, hemos querido hacer una reflexión que nos haga un llamado a pensar en los diferentes tipos de violencia y sus manifestaciones.

Según el Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres, al 26 de octubre del 2020, se han registrado un total de 61 muertes violentas de mujeres, de las cuales 11 han sido registrados como femicidos, ya sea por el artículo 21 de la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres (se sanciona con pena de 20 a 35 años de prisión, “a quien dé muerte a una mujer con la que mantenga una relación de matrimonio, en unión de hecho declarada o no), y de manera ampliada, por la Convención de Belém do Para (se sancionan las muertes violentas de mujeres, por género, en donde no había una relación de matrimonio o unión libre: ejemplo, las muertes durante el noviazgo, después de un divorcio, luego del cese de una unión de hecho y las que ocurren en ámbito público, a raíz de un ataque sexual, entre otros):

Karla Alexandra Quirós Araya, de 38 años, fue el primer femicidio registrado este año en la Guácima Arriba de Alajuela,

Danaysha. cuatro años, la encontraron muerta el 15 de enero, en su casa en Alajuela.

Carolay 26 años, asesinada por su novio y otros conocidos en agosto de 2019 en un mirador de Barva, Heredia. Tras seis meses de búsqueda, en febrero, sus restos fueron encontrados en una zona montañosa cerca del Volcán Barva.

Adriana Obando, de 38 años, perdió la batalla por la vida en el hospital de San Carlos, donde luchó contra los dolores y las hemorragias que le provocaban una serie de puñaladas que le dio su compañero sentimental. 

María del Carmen Tacsan Ulate, de 40 años, fue hallada sin vida dentro de su casa, en San Rafael de Heredia, el sábado 19 de setiembre, su esposo fue detenido por ser el sospechoso principal de su fallecimiento ya que en la autopsia se vio que tenía varias puñaladas y un balazo.

Marlene Picado de 41 años, su compañero sentimental la mato a machetazos, en el cantón de Corredores, en mayo pasado.

María Luisa Cedeño, de 43 años, anestesióloga, asesinada el 20 de julio en el Hotel La Mansión Inn, en Manuel Antonio, y uno de los casos más mediáticos.

Flor María Soto, de 48 años, a su lado yacía el de Henry Méndez Venegas, ambos con un disparo en la cabeza, lo cual, unido a una nota suicida hallada, hacen presumir, a las autoridades, que se trató de un femicidio-suicidio.

Vilma Ledezma, de 85 años, asesinada en diciembre y encontrada en enero, el principal sospecho es su esposo un hombre nicaragüense, 35 años menor que ella.

Melba Reyes, de 51 años, quien murió producto de, al menos, cinco heridas de cuchillo recibidas.

Aracelly García Umaña, de 47 años, fue asesinada de múltiples puñaladas en La Roxana de Pococí, por su ex compañero sentimental.

María José Calvo de 26 años, asesinada  por su pareja sentimental de un disparo y luego quemada en su casa para ocultar el crimen en Desamparados. Estos son los datos oficiales, que no pueden dejar de ser imprecisos, y no dan cuenta de la cruda realidad que se vive. Se cuenta con  estadísticas de la violencia contra las mujeres, conocemos los tipos violencia física, psicológica y sexual, además de la violencia estructural reproducida por las vías de la discriminación en los campos económico y social, como lo señala Rita Segato (2003), existe una imposibilidad de confiar en los números cuando el escenario es el ambiente doméstico, y más en tiempos de COVID 19 en los que persisten los problemas para denunciar y procesar en esos casos y, sobre todo, de las dificultades que tienen los y las actores sociales para reconocer y reconocerse y, en especial, para nominar este tipo de violencia, articulada de una forma casi imposible de desentrañar en los hábitos más arraigados de la vida comunitaria y familiar.

Fotografía tomada del perfil de Facebook de Brujas Feministas CR

Las causas estructurales de la violencia contra las mujeres

El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas de violencia directa.

La violencia estructural es un concepto desarrollado por Johan Galtung en los 60 que se refiere a la manera en la que algunas instituciones o estructuras sociales, dañan a las personas impidiendo que se desarrollen y consigan cubrir todas sus necesidades. La violencia estructural impide que se alcance la igualdad.

Ciertas estructuras sociales (ya sean económicas, políticas, culturales, médicas o legales) pueden tener un impacto muy negativo sobre algunos grupos o comunidades concretas. Así, problemas como el clasismo, el sexismo, el nacionalismo o el racismo serían resultado de esta violencia estructural.

Las raíces de la violencia están en la desigualdad histórica de las relaciones de poder entre hombres y mujeres y en la discriminación que se dirige a las mujeres tanto en el ámbito público (social) como en el privado, en el interior del hogar. Es importante colocar el análisis en el contexto de las relaciones estructurales de poder y de violación de los derechos humanos de las mujeres. La violencia contra la mujer ha sido durante años un problema invisible, considerado como parte del ámbito de lo privado, en el que muchas, ni las propias mujeres víctimas de ella se atreven a ponerle nombre.

En este sentido, la violencia se ha convertido en tema de discusión a la luz de diversos criterios con múltiples interpretaciones que la consideran como una violación abierta de los derechos de las mujeres, una problemática de salud pública, una cuestión de injusticia, un componente de la pobreza, una consecuencia económica, un asunto de seguridad humana, un fenómeno cultural o una situación adversa para la persona. A pesar de que la Convención Belem do Pará brinda un marco normativo considerado suficiente por especialistas para enfrentar esta violencia, los poderes del Estado y la Institucionalidad pública muestran debilidades, falta de recursos técnicos, financieros y humanos, presentando en algunos casos una vacilante voluntad política.

Amor romántico: el mito que nos han vendido

Desde pequeñas estamos sometidas al mito del amor romántico, escuchamos canciones, vemos novelas, leemos cuentos de princesas que son rescatadas por el príncipe, o el clásico cuando nos dicen que el compañerito que te pega y molesta en la escuela, en realidad es porque le gustas, la industria televisiva, de la música y en general de consumo nos vende este mito de fueron felices para siempre, y el amor es sufrimiento y todo lo soporta.

Como lo dice Coral Herrera: “Por amor” las mujeres nos aferramos a situaciones de maltrato, abuso y explotación; “por amor” nos juntamos con tipos horrendos que al principio parecen príncipes azules, pero que luego nos estafan, se aprovechan de nosotras, o viven a costa nuestra; “por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor” y a la vez, de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas; “por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo.

Esta forma de entender el amor, tiene su origen en la desigualdad estructural entre hombres y mujeres, y que se perpetúa a través de los mandatos culturales y las estructuras económicas. En ese sentido la violencia es una forma de mantener el control sobre las mujeres que históricamente ha establecido el patriarcado. 

Como bien lo describe Coral Herrera en sus libros quedamos atrapadas en los «no deberías» y en la culpa, la cual la sociedad a través del discurso del patriarcado, nos hacen creer que el amor todo lo puede, que seremos felices el día que encontremos a nuestra media naranja, es un amor que termina encadenamos a relaciones poco satisfactorias, llenas de historia de violencia las cuales a veces son imperceptibles para quien las vive, y terminan minando la salud mental y física de las mujeres.

Hoy es un día para hacer consciencia y reconocer que la violencia contra las mujeres de todas las edades, la sociedad la justifica, la reproduce y la perpetua, todas las mujeres hemos sido víctimas de alguna forma de violencia en nuestras vidas, y en el tanto hombres y mujeres la reconozcamos y la evidenciemos vamos a poner un alto a una pandemia que ha estado presente en la historia de la humanidad.


* Este texto es de carácter de opinión, responsabilidad de cada autor/a.

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