La profundización de las brechas de género en los mercados de trabajo y las oportunidades que nos quedan

La situación de crisis mundial que enfrentamos, ha agudizado las vulnerabilidades que ya la población joven enfrentaba. Tanto en las áreas de trabajo no calificado como en las áreas técnicas y profesionales, las mujeres sorteamos una serie de barreras sociales en los esfuerzos de ingresar o permanecer en los mercados de trabajo. Cuando la economía está mal, las mujeres están peor; pero cuando mejora, la bonanza tarda en alcanzarnos. Pese al oscuro panorama, aún falta sacar provecho de algunas oportunidades que podrían aportar a la diminución de las brechas de género en el acceso al trabajo.

Según información de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el contexto actual, hasta un 16% de las personas jóvenes han perdido su empleo en el mundo, y de quienes siguen empleadas, hasta un 23% han visto reducidas sus jornadas. Aunado a esto, los centros educativos han tenido que cerrar sus infraestructuras y trasladar sus labores a la virtualidad, lo que está causando el retraso y exclusión de estudiantes de los sistemas educativos; además se prevén aumentos en la población joven que ni estudia ni trabaja –especialmente mujeres- sumado a las complicaciones de salud mental (depresiones, ansiedades, estrés digital, etc.) que acarrean estos momentos. La OIT señala un triple impacto de la pandemia sobre las poblaciones jóvenes: destruye empleos, detiene procesos educativos y, pone más obstáculos para incorporarse al mundo laboral (OIT, 2020).

El panorama ya era angustiante. En 2019, Costa Rica se posicionó como el país con la mayor cifra de desempleo abierto de Centroamérica (OIT, 2019). Como en el resto de países de la región, la situación se ha agravado con los efectos de la pandemia por COVID-19, según la Encuesta Continua de Empleo, el desempleo en Costa Rica ha alcanzado una histórica cifra de 24,4%, golpeando con mayor intensidad a las mujeres jóvenes. Esta cifra es de casi el doble que la del año pasado e incide principalmente en el sector femenino alcanzando un 30% en el desempleo femenino contra un 20% de desempleo en hombres (INEC, 2020). Esto aunado a que la informalidad y el subempleo son siempre más altos en las mujeres, ampliando aún más la brecha.

Culturalmente se continúa desvalorizando el trabajo de las mujeres aún en el ámbito del mercado, se concibe como algo secundario. Esto queda demostrado con los datos del más reciente Informe del Estado de la Nación que indican que los hombres lograron más oportunidades para conservar sus empleos con medidas de reducción de jornadas, en cambio las mujeres fueron mayormente afectadas por el cese de contratos. De los puestos de trabajo perdidos en el presente año, un 52,5% fueron puestos de mujeres, especialmente en el sector de comercio y servicios, en un contexto en el que más de un 41% del total de hogares del país tienen jefatura femenina y, más de un 31% cuentan con jefatura femenina sin pareja (Programa Estado de la Nación, 2020; INEC, 2020).

La situación es apremiante; ser jefa de hogar es en la actualidad un factor de riesgo para entrar en pobreza cuando se une a la no calificación; evidencia de esto es que un 48,4% de los hogares en pobreza -por línea de pobreza y por Índice de Pobreza Multidimensional- son monomarentales. Si bien, los procesos de contracción económica son determinantes, es necesario insistir en el reconocimiento de la existencia de barreras que limitan las oportunidades de acceder al mercado laboral en las mujeres, como lo son las responsabilidades del trabajo doméstico no remunerado y cuidados de personas dependientes. Las tasas de desempleo femenino ya son alarmantes, y se duplican cuando hablamos de la tasa de desempleo en mujeres que tienen al menos un hijo, llegando a un 63,4%, en comparación con las mujeres jóvenes sin hijos (56%)  (Programa Estado de la Nación, 2020; INEC, 2020).

En ese sentido, el ingreso del país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) condiciona al país a abordar con prontitud las brechas de inclusión financiera y acceso al crédito de las mujeres; además, señala rezagos importantes en materia de género: la inacción del Estado costarricense en cuanto a la generación licencias de paternidad -mientras la amplia mayoría de países pertenecientes cuentan con políticas en este sentido, donde se reconoce en promedio 8 días de licencia paga, Costa Rica no ha legislado en esta materia-, las inequidades existentes en la incorporación de mujeres en puestos de toma de decisiones y, el garantizar el derecho a la salud sexual y reproductiva (INAMU, 2020). Los estereotipos de género siguen afectando la incorporación de las mujeres también en el campo profesional, pues en el país el 57% de personas con títulos universitarios son mujeres, pero esto contrasta con el hecho de que solamente un 38% de las personas empleadas son mujeres (Programa Estado de la Nación, 2020).

De las medidas que se tomen ahora, dependerá la incorporación del país en las dinámicas de la cuarta revolución industrial y por lo tanto, el aprovechamiento de oportunidades futuras orientadas a la generación de empleos con mayores requerimientos tecnológicos. Una de las propuestas para enfrentar la situación actual ha sido la “flexibilización” de las jornadas laborales. Se presentó un proyecto de ley que no avanzó en el congreso, hasta ahora. Esta propuesta permitiría a los patronos asignar jornadas de 12 horas diarias, lo que conllevaría, a excluir a una parte de las mujeres del espacio laboral, debido a la imposibilidad de ver cubiertos los requerimientos de cuidados en sus hogares, haciendo que se vuelva más viable dejar de trabajar fuera del hogar por los costos que se deben sopesar en las familias. Si bien la iniciativa no avanzó, se debe examinar con lupa las propuestas de flexibilización que no contemplan los impactos diferenciados para las mujeres, quienes luchan por compatibilizar las labores de reproducción de la vida familiar con las labores remuneradas.

Ilustración de Luis Dávila para la campaña “Te corresponde, nos corresponde”, 2011 [1]

Los aportes de las labores indispensables para la reproducción social han sido muy tímidamente reconocidos por las políticas económicas y laborales; más bien, se ha tomado como un aspecto externo al desarrollo económico del país. Los paradigmas tradicionales, asignan las actividades económicas al ámbito del trabajo remunerado del mercado, relegando las actividades de trabajo no remunerado al ámbito de lo no-económico, por ser considerado un no-trabajo. Insistimos en la necesidad de transversalizar los ejes de género y autonomía en todas las acciones gubernamentales que se planteen para incidir la problemática del desempleo. Los cambios culturales deben ser fuertemente potenciados por políticas públicas que reivindiquen la redistribución de las cargas de trabajo de los hogares como una corresponsabilidad, para promover la participación de los hombres en las labores domésticas cotidianas. La complejidad de la realidad actual nos compromete a formular respuestas igualmente complejas, que permitan la generación de empleo en condiciones de calidad para el sector de la población más desfavorecido en la realidad económica actual.

La importancia de aprovechar la cola del bono de género

En el último medio siglo, Costa Rica ha venido atravesando un proceso de acelerada transición demográfica, marcada por factores como la disminución las tasas de mortalidad infantil, el aumento en los índices de esperanza de vida y la disminución de las tasas de fecundidad, en contextos de industrialización y expansión del urbanismo (Rosero-Bixby, 2008; Jiménez-Fontana, 2015). Estos hechos, han provocado los movimientos poblacionales que han derivado en una aceleración en los procesos de envejecimiento poblacional y una disminución en el peso de la población más joven sobre la pirámide poblacional.

El bono de género tiene que ver justamente con estos procesos. Consiste en la oportunidad de potenciar el crecimiento económico dado la concentración de población de mujeres en edades productivas. Desde diversas disciplinas se ha advertido la importancia de aprovechar la oportunidad histórica del dividendo de género, pues es una ventana para el crecimiento económico del país por medio del incremento de mujeres en el mercado laboral; pero, el tiempo se agota. Las proyecciones poblacionales indican que actualmente estamos en la cola de del bono, lo que por otro lado, coincide con una demanda creciente de servicios de atención para la población adulta mayor (servicios de salud y cuidados, transferencias de pensiones, entre otros), mientras los índices de población ocupada en empleos formales decrecen, afectando los ingresos financieros para la sostenibilidad de la seguridad social (Rosero-Bixby y Jiménez-Fontana, 2012). Según el Estado de la Nación, las tasas de ocupación actuales en la población de mujeres es muy similar a la de 2011, por lo que estamos enfrentando casi una década de retrocesos en esta materia, mientras que la población dependiente por envejecimiento sigue en aumento (Programa Estado de la Nación, 2020).

La época pandémica por Covid-19 pasará a la historia como uno de los momentos más críticos en la historia moderna del país; pero, también coincide con el momento perfecto para tomar decisiones urgentes que han sido aplazadas por décadas, en la línea de aplicar potenciar las políticas públicas enfocadas a la equidad entre los géneros y reformar las estructuras institucionales que se requiere para avanzar en el aprovechamiento de este momento poblacional. Si no se dirigen acciones específicas que favorezcan la recuperación del empleo femenino, este será el sector que enfrente los impactos más prolongados; pero además, las acciones (o inacciones) que se tomen en este tema definirán la sostenibilidad de los recursos disponibles para enfrentar el escenario poblacional proyectivo de Costa Rica.

Para lograr generar un aprovechamiento de lo que queda del dividendo de género es primordial fortalecer los mecanismos que aportan a la minimización de las barreras sociales que se interponen en la lucha de las mujeres por acceder a puestos de trabajo de forma equitativa; en ese sentido es fundamental el reconocimiento de la producción y consumo de servicios no remunerados pues inevitablemente, materializar la cola del bono de género requiere sí o sí de la capacidad de actuación de las políticas públicas para redistribuir las cargas de trabajo no remunerado entre las familias, el Estado y el mercado. En ese sentido es fundamental reconocer la relación entre lo regional y lo nacional, así como contemplar las respuestas actuales con las necesidades proyectadas a futuro.

Las oportunidades laborales que surgen en la era postcovid, se encuentran particularmente vinculadas con la tecnología y los emprendimientos. Al ser Costa Rica un país atractivo para la oferta de servicios, esto puede ser un indicio de las futuras oportunidades. Para el aprovechamiento de estas oportunidades, será necesaria la implementación de programas permanentes de formación que promuevan la incorporación de las mujeres jóvenes en las carreras STEAM; si se dirigen acciones en este sentido se puede potenciar la inclusión de las mujeres en los entornos productivos de mayor demanda, al tiempo que se rompen estereotipos de género vinculados con la poca participación de las mujeres en labores tecnológicas.

Mejorar las condiciones para la inserción laboral de las mujeres sí es posible, pero se requiere virar de los esquemas tradicionales de política pública a la generación de soluciones estratégicas que sitúen como prioridad la equidad de género. En ese sentido, desde distintos espacios se ha posicionado la necesidad de una estrategia nacional de cuidados, desde donde se articulen las capacidades instaladas del país para el reconocimiento de los cuidados como una corresponsabilidad de la sociedad y un derecho humano en beneficio de las distintas poblaciones dependientes y de las mujeres quienes asumen los cuidados desde el ámbito familiar [2].

Contrario a los recortes de gasto público que se han dado en Costa Rica (sin la priorización de criterios técnicos), distintos organismos internacionales han propuesto una mayor inversión en gasto público que permita la generación de empleo y la actualización de herramientas formativas para la población desempleada (OIT, 2020). Es urgente ejecutar estrategias que permitan la incorporación de mujeres jóvenes con baja calificación a empleos formales y programas de capacitación. Ahora más que nunca es prioritario desplegar acciones dirigidas a dotarlas de herramientas tecnológicas que les permita integrarse al mercado laboral, pues estamos en momentos de transición poblacional y tecnológica, que requieren la atención de las necesidades formativas de la población en edades productivas para generar oportunidades para el ejercicio pleno del derecho al trabajo desde el principio de equidad y, aportar así en la reactivación de la economía y el desarrollo del país.

Bibliografía

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2020). Encuesta Nacional de Hogares julio 2020: Resultados generales. San José, Costa Rica. https://www.inec.cr/sites/default/files/documetos-biblioteca-virtual/renaho2020.pdf

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2020). Encuesta Continua de Empleo al tercer trimestre de 2020: Resultados generales. San José, Costa Rica. https://www.inec.cr/sites/default/files/documetos-biblioteca-virtual/reeceiiit2020.pdf

Instituto Nacional de las Mujeres. (2020). Costa Rica deberá enfrentar desafíos para reducir sus brechas de género. https://www.inamu.go.cr/web/inamu/costa-rica-debera-enfrentar-desafios-para-reducir-sus-brechas-de-genero

Jiménez-Fontana, P. (2015). Retos para materializar el dividendo de género: perfiles de uso del tiempo en Costa Rica. Centro Centroamericano de Población. https://ccp.ucr.ac.cr/psm/13-2-6/13-2-6.html

Organización Internacional del Trabajo. (2020). El COVID-19 y el mundo del trabajo. Segunda edición. Estimaciones actualizadas y análisis. https://www.ilo.org/americas/sala-de-prensa/WCMS_741222/lang–es/index.htm

Organización Internacional del Trabajo. (2019). Panorama Laboral 2019. América Latina y El Caribe. https://www.ilo.org/americas/publicaciones/WCMS_732198/lang–es/index.htm#:~:text=El%20Panorama%20Laboral%202019%20de,esperados%20para%20el%20a%C3%B1o%202020.

Programa Estado de la Nación. (2020). Informe Estado de la Nación 2020. San José, Costa Rica. https://estadonacion.or.cr/informes/

Rosero-Bixby, L., y Robles, A. (2008). Los dividendos demográficos y la economía del ciclo vital en Costa Rica. Papeles de población, 14(55), 9-34. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11205502/

Rosero-Bixby, L., y Jiménez-Fontana, P. (2012). Retos y oportunidades del cambio -demográfico para la política fiscal. San José, Costa Rica: Universidad de Costa Rica.

Notas

[1] En 2011, una iniciativa de la Cruz Roja Española y el Ministerio de Sanidad, Política e Igualdad de España, congregó a una veintena de humoristas gráficos como parte de una campaña de sensibilización llamada “Me corresponde, te corresponde”. Por medio de los diseños, se visibilizó las consecuencias negativas de la no corresponsabilidad del trabajo del hogar y los cuidados. En este sitio web se puede obtener más información: http://tecorrespondenoscorresponde.org/

[2] Uno de los acuerdos derivados del reciente Diálogo Intersectorial es el compromiso de presentar en el Congreso un proyecto de ley para la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados. En este tema, ya desde el Ministerio de Salud se venían gestando esfuerzos para la construcción de una Política Nacional de Cuidados.

Autora

María Fernanda Hernández Salas

Investigadora de FLACSO Costa Rica en políticas públicas de salud, envejecimiento, cuidados y bioética aplicada.

* Este texto es de carácter de opinión, responsabilidad de cada autor/a.

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